Entre brujas, fábricas y mercancías; el ser humano

Entre brujas, fábricas y mercancías; el ser humano

Algunas reflexiones sobre las caricaturas en torno a la vida y la muerte de Ozzy Osbourne.

Por Javier Becerra


Durante el transcurso de este  primer cuarto del Siglo XXI somos testigos de la extinción de la vida de infinidad de reconocidas e importantes figuras del rock sin que esta inevitable estación terminal del movimiento permita florecer reflexiones más profundas sobre uno de los fenómenos culturales más importantes del Siglo XX.

Todo fenómeno cultural es a su vez un fenómeno social. Los muertos pesan sobre la conciencia de los vivos removiendo un tiempo ya pasado y hasta remoto. Aquella cultura ya no es la misma que vivimos hoy y aquella sociedad a la que debemos remitirnos para comprender a los protagonistas, tampoco. Lo sólido, nuevamente, se desvaneció. La música cambió, lo mismo que aquellos que la escuchan; las clases sociales intrínsecas a este régimen social se mantienen en pie pero con otros hábitos y costumbres culturales. Otro tanto sucede con la industria de la música y con el capital que la mueve y desarrolla adaptándose ante cada nuevo matiz social.

Lo único que parece inamovible es la mercancía. Se pasea victoriosa y como decía Walter Benjamin “ni los muertos están a salvo ante los vencedores”.

Ozzy Osbourne tampoco parece estar a salvo. No lo estuvo estando en vida y una vez muerto tampoco escapa a la suerte que tuvieron otros. A lo largo de su carrera quedó atrapado en diversos relatos que fueron explotados hasta el cansancio por la industria musical y que parecen intentar ser perpetuados con Ozzy sin vida. Esos relatos tomaron finalmente el formato de caricatura, es decir la exaltación de un aspecto parcial del personaje hasta llevarlo hasta el ridículo más extremo. Una operación ideológica del recorte de la realidad puesta al servicio de las más diversas causas.

El primero de los relatos caricaturescos fue aquel que asociaba a Ozzy y a Black Sabbath a la hechicería, la brujería y la demonología medieval. El sabath y la “Gran caza de Brujas” de los siglos XIV, XV y XVI sirvieron para envolverlo en la mística de “las tinieblas” y para coronarlo como un príncipe de las mismas. Tonterías como la supuesta recuperación que hiciera Black Sabbath en sus composiciones del “tritono” resuenan hasta hoy. El tritono (tres tonos completos o seis semitonos) fue atribuido -supuestamente- por cierto sector del clero de la Edad Media como obra del demonio por la disonancia con que rompía los cánones de la música sacra del momento basada en la consonancia musical. Una superchería que adornó de tenebrosidad a los padres del metal, pero que era algo sumamente corriente en la música occidental desde hacía varios siglos. No existe tampoco fuente histórica alguna que demuestre la prohibición que del tritono hiciera la iglesia.

Hubo así una exaltación mítica de cierta estética y técnica de Black Sabbath llevadas al status de verdad, una verdad creída por amigos y enemigos. En 1976, Norman Cohn publicó Los demonios familiares de Europa, un riguroso trabajo en que, entre otras cosas, desarmó los argumentos de seudo historiadores que daban por cierta la existencia de brujas tomando por válidos los testimonios y confesiones de mujeres obtenidos bajo tortura. El objetivo de la manipulación de fuentes era utilizado para complacer cierto sentido común “radical” de la época que se regodeaba con la supuesta existencia de ritos anticlericales y anti-nobiliarios protagonizados por campesinas rebeldes.

Norman Cohn señala que todas las persecuciones a grupos religiosos heterodoxos, desde el Siglo I hasta el presente, siempre buscaron la deshumanización del perseguido. Por ello mismo se les atribuía prácticas que atentan contra la sociedad. En parte fue el destino alcanzado por Ozzy Osbourne cuando los evangelistas del senado norteamericano se lanzaron contra él a pocos años de que finalice el Siglo XX, acusándolo de satanismo y de incitación al suicidio. La idea de creer en prácticas oscuras existentes en el mundo del heavy metal fomentó daño y una concepción fantasmagórica y misticista dentro de parte de su propio público y entre sus críticos. La caricaturización del género había llegado demasiado lejos.

Pero las tinieblas se disipan (o se resignifican) cuando se vuelve al origen de Ozzy y de Black Sabbath. Cuatro jóvenes nacidos y criados bajo la sombra y las necesidades de la segunda posguerra en Birmingham, parte del “Black Country” inglés: aquella región apodada de ese modo por sus industrias y el uso del carbón en cantidades astronómicas. Tomi Iommi supo describir en entrevistas el clima vivido en los recreos escolares de su niñez cubiertos de hollín y aturdidores ruidos producto de las máquinas pesadas. Era una ciudad esencialmente industrial y por lo tanto esencialmente proletaria. En Birmingham, además, casi la mitad del año llueve y cuando no, está nublado. 

Tres de los cuatro músicos fueron cardo y semilla de la producción fabril. Dos metalúrgicos y Ozzy con una variedad de efímeros oficios (plomero, empleado en una  funeraria, matarife, mecánico). La materialidad de las cosas y del tipo de reproducción  social que por aquellos años atravesaba a la banda sirven más para explicar su música que cualquier otro relato fantástico del medioevo. Ozzy vivía hacinado junto a sus hermanos y sus padres en una pequeña vivienda victoriana de solo dos habitaciones. Su madre trabajaba en una automotriz, su padre en la General Electric. Así y todo muchas veces pedían leche a sus vecinos para poder alimentar a sus hijos. Los beneficios de los “30 gloriosos años del capital” iniciados con la segunda posguerra aún no alcanzaban a los Osbourne. Ozzy lo recordaba así: “Lo importante para la clase trabajadora en Inglaterra era trabajar hasta la jubilación, y entonces te regalaban un reloj de oro. Esa fórmula nunca me pareció lógica”.

El nombre de la banda finalmente no tenía nada que ver con aquelarres de ningún tipo. Surgió de una mala película de terror italiana rebautizada en Inglaterra como “Black Sabbath”. El diabulus musical o tritono, no tuvo nada que ver con atormentar a los religiosos en nombre del Maligno, sino solo un intento por hacer música inquietante (y posiblemente un subproducto técnico derivado de la discapacidad en la mano Iommi, un ex obrero metalúrgico). “Si la gente paga por asustarse mirando una película, quizás deberíamos hacer música que de miedo” les dijo Iommi al resto de la banda. La participación de “misas negras” nunca existió. “Éramos la última banda hippie, sólo nos interesaba la paz” relató el propio Ozzy sobre aquellos episodios.

Black Sabbath en vivo (París – 1970)

Con el tiempo la banda, ya más madura, se fue aferrando cada vez más a la reivindicación de su Birmingham natal y lo mismo hizo la ciudad con ellos. Así comienza otro relato caricaturesco de Ozzy: el Ozzy de la clase obrera. En Argentina, en forma más modesta y posiblemente inocua, la izquierda (Prensa Obrera, y en parte La Izquierda Diario) ha llevado esa caricatura hasta el ridículo con el fallecimiento de Ozzy, presentándolo como un prohombre del proletariado mundial o como una especie de Stajanov del Heavy Metal. (Un relato donde “si es obrero es de los nuestros” que nos remite a interpretaciones de la “clase en sí” para el abordaje de fenómenos culturales).

Es cierto que al analizar la vida y la obra de un Rockstar como Osbourne, no se puede dejar de lado su origen, su clase social y todas las influencias que ha tenido en su niñez y juventud, pero nunca se puede perder de vista que seguimos hablando de un Rockstar con todo lo que ello implica: un individuo que por el lugar que ocupa dentro de la industria capitalista de la música mantiene infinidad de relaciones sociales que lo alejan del tipo de reproducción social de su clase de origen. Adorno decía que “nada de lo social en el arte es inmediato, ni aún cuando lo pretenda”; una reflexión justa y equilibrada que bien vale ser recordada para evitar caer en caricaturas grotescas dónde un músico resulta finalmente ser inspirador de rebeliones obreras en el mundo.

Por último, el peor de los relatos, la peor de las caricaturas. Aquella que solo hace de Ozzy una mercancía sin alma, un objeto manipulado por la industria de la música o un títere de la MTV hasta el final. Un individuo que vendió su esencia al capital. Poco es todavía lo que podemos hacer por exorcizarlo de semejante pacto o contrato, si es que él en verdad lo hubiera requerido así (de hacerlo podríamos incurrir en otra nueva caricaturización). 

Por eso el título de este artículo, de entre todos los relatos existentes reivindicar el más preciado: el que lo hizo seguir siendo humano, el que le permitió mantener los rasgos de su humanidad. Un Ozzy reflexionando sobre su padre, sobre su niñez, sobre su familia, sobre el amor, sobre los Beatles y los artistas que lo emocionaban. Un Ozzy privilegiando que la recaudación millonaria de su último show se convierta en una donación al Hospital de Niños de Birmingham y a la lucha contra el Parkinson que lo asolaba. La preparación de su partida, incluso dominado por una enfermedad degenerativa, lo colocó en la recuperación absoluta de su ser. Se había adueñado de su propia muerte y con ello  de alguna forma, también de su vida. Cómo describe Philippe Ariès en Morir en Occidente una muerte consciente y meditada al estilo de siglos pasados. Ozzy se despidió absolutamente de todos, de sus amigos, familiares y público y previamente los preparó para su partida final. Se supo rodear de ellos en sus horas finales. Nada de eso habría sido posible sin la más plena  conciencia humana de su propio fin. 

Recuperar objetivamente para la historia un Ozzy Osbourne completo no será tarea sencilla. Él mismo lo vaticinó hace algún tiempo cuando la revista Rolling Stones le pidió que escribiera su propio epitafio:

“Simplemente Ozzy Osbourne, nació en 1948 y murió así. He hecho mucho para ser un simple tipo de clase trabajadora. Hice sonreír a mucha gente. También he hecho que mucha gente se pregunte “¿Quién carajos se cree este tipo?”. Te garantizo que si muero esta noche mañana dirán: ‘Ozzy Osbourne, el tipo que le arrancó la cabeza a un murciélago de un mordisco, murió en la habitación de un hotel…’ Se que eso es lo que se viene”

3 comentarios

  1. Chris

    Deslumbrante!!!!!!!! Siempre le voy a agradecer a Dios por haber permitido dejarme vivir el Ozzfest 2004
    El Verdadero único Amo de las Tinieblas ☠️

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