High Vis: ruido, furia, baile y sentimiento

High Vis: ruido, furia, baile y sentimiento

El anuncio, con menos de un mes de anticipación, sorprendió a unos y alivió a otros que lo esperaban con ansias. Los ingleses High Vis, que ya tenían fechas anunciadas en Brasil y Chile, llegaban por primera vez a Buenos Aires. Un acontecimiento para sus seguidores y una señal de buena salud para la escena local que recibe a una banda en un punto justo de ascenso y madurez.

Por Damián

Ph: Mateo Ron @roonfotografia_


Con tres discos encima y una presentación destacada en el último Outbreak (el festival de hardcore y punk más importante de Europa, que se celebra todos los años en Manchester), High Vis son el emergente de un nuevo sonido que asoma progresivamente, donde la distorsión se anima a mezclarse con elementos del post-punk, el gothic, el britpop y hasta el jungle y el dance. Porque, si bien la banda se formó en Londres, la influencia del sonido de Manchester es referencia ineludible. No es casualidad que Graham Sayle, el cantante, haya crecido en la vecina Merseyside. El público que asistió a Uniclub dio cuenta del vínculo con un nivel particularmente elevado de indumentaria de Oasis, y hasta una camiseta del Liverpool que un par de veces giró por encima del pogo. 

Sin embargo, durante la apertura de la noche a cargo de Wrrn, emblema del emocore actual argentino, se mantuvo más bien frío. Quizás comprensible porque fueron anunciados el mismo día y posiblemente los que van a gritar “Balvanera”, un nuevo clásico de la escena, o agitar desde la intro de “Peste a derrota”, no estaban presentes. Los patagónicos aprovecharon la oportunidad para promocionar “Algo falla”, primer adelanto de su nuevo disco que salió el mismo día. Vale la pena darle una oportunidad, tres años después de la publicación de ¿Qué se siente estar mejor?, el disco que les permitió un crecimiento exponencial y disfrutar de un muy buen presente.

Alrededor de las 21, High Vis salió al escenario. Desde el inicio, la pauta estaba clara. La impecable batería de Ski Harper marcaba el ritmo para que el bajo de Jack Muncaster llevara al frente el groove de esta combinación particular de estilos. Por su parte, a cada costado del escenario, los guitarristas Rob Hammeren y Martin MacNamara tuvieron un excelente desempeño creando una muralla de melodía y distorsión en un espacio que no siempre permite a los músicos lograr su sonido. Pero High Vis lo hizo, demostrando la experiencia de una banda que gira sin parar. 

Así es como llegaron al fin del mundo, un hecho que Graham resaltó como movilizante por estar tocando a tantos miles de kilómetros de su hogar, en una ciudad que los recibió de la mejor manera. Eso no sería lo único que diría, ya que salió de arranque a arengar al público para que se acercara al escenario y bailara. Es inevitable hacerlo ante canciones de adn Madchester como “Fever Dream” o “Mind’s a Lie” (dedicada en vivo a “los bailarines” -all the fokin dancers-). No fue la única de la noche, ya que los chicos hardcore (“This is still for all the fokin hardcore kids”) tuvieron la suya antes de “Mob DLA”, quienes siguen el camino del Straight Edge con “The Bastard Inside” y los fans de la primera hora con ese cross a la mandíbula que es “A Fist for When You’re Down”, de su primer EP. Aun así, la mención más importante de la noche sería la previa a “0151”. Fue dedicada a los albañiles, los maestros, los enfermeros, los trabajadores del sector público y todo aquel que se ubique a la izquierda y en contra del gobierno, a toda la clase obrera. Con toda la importancia que tiene este mensaje para el momento del mundo que estamos atravesando, todavía quedaría un momento aún más emocionante. 

Antes de cerrar con “Trauma Bonds”, Graham contó que intentó quitarse la vida el año pasado, agobiado por el abuso de drogas y alcohol. Este episodio del que lo rescataron sus vecinos y el servicio público de salud le permitió salir del consumo problemático, por lo que su nueva sobriedad le permite ver un futuro por delante y disfrutar realmente de la vida. Con la crisis de suicidios que asola a nuestro país, un llamado a pedir ayuda como este cobra una enorme importancia y, ojalá, funcione como salvavidas para quienes estén dando la batalla contra el vacío. Una hora exacta separó este momento del inicio con “Drop Me Out”, pero la energía y el sentimiento que atravesaron las 15 canciones del set pusieron una sonrisa en la cara de todos los presentes. Una noche memorable en lo musical, quizás uno de los shows del año. Y, ante todo, un espacio de verdad y reconciliación. 

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