Una madre que espera, un hijo que ya no regresa, y unas cartas que se convierten en abrazo y memoria. María Marta Guitart encarna a Vicenta Lorca, la madre de Federico, en un unipersonal conmovedor y un ritual poético de amor y resistencia.
Por Caro Figueredo
En Cartas a mi hijo Federico, María Marta Guitart enciende una lámpara en medio de la penumbra de 1936: una madre que aguarda, un hijo que ya no volverá, y un puñado de cartas que se transforman en abrazo y en consuelo. Vicenta Lorca abre la caja íntima donde Federico guardaba sus palabras, y al leerlas, revive no sólo la presencia de su niño gigante, sino también el lazo inquebrantable entre madre e hijo, poesía y memoria.
La puesta en escena es mínima pero conmovedora: una mujer en un sillón que murmura, canta, se estremece; un violoncello que acompaña como si fuera respiración. En esa delicada conjunción de música y palabra, Guitart nos entrega una experiencia teatral que es a la vez evocación, duelo y rito. Su actuación atraviesa los límites de la representación para convertirse en ofrenda, una forma de resucitar a Vicenta y darle voz, ternura y dignidad en el instante más oscuro de su vida.
No se trata de reconstruir al Lorca de los manuales, ni de repetir sus versos como estampas; aquí la obra desborda la arqueología para hablarle al presente. Cartas a mi hijo Federico nos recuerda que la poesía nace del amor y que la memoria se vuelve acto político frente al olvido. La figura del poeta asesinado por el franquismo late en cada palabra, pero es el amor materno, conmovedor y feroz, el que sostiene la escena y la arrastra hacia lo universal: la imposibilidad de aceptar la pérdida, el deseo de hablar con los muertos, la fuerza de seguir nombrándolos.

Y es en este sentido que Guitart conmueve con su representación de Vicenta. Una mujer tal vez sometida a la sumisión propia de esposa y madre que, sin embargo, trasciende a través de la libertad de su hijo, de sus logros y su reconocimiento a nivel mundial. Madrid, New York, Buenos Aires: algunos de los lugares en los que fue acogido con éxito y que, simultáneamente, conforman una imagen mental geométrica en la mente de esa madre que lee, con ojos encendidos, las cartas que “su” Federico guardó de ella a lo largo de más de una década.
Poética, íntima, estremecedora, la pieza de Guitart transforma el manojo de cartas en un conjuro que introduce a la audiencia en la sensación de haber sido parte de una conversación entre mundos que late entre luces tenues y sombras abyectas, notas precisas del instrumento de cuerdas y el misterio de la vida misma.
Ficha técnica
Dramaturgia, dirección e interpretación: María Marta Guitart
Música en vivo: Daiana Moreno (violoncello)
Música original: Mailen Ubiedo Myskow
Diseño de luces: Diego Todorovich
Diseño de movimientos: Melina Forte
Vestuario y escenografía: Teatro en Camino
Fotografía: Ernesto Donegana y Pato Rébora
Producción general: María Marta Guitart y Pato Rébora
Premio Mayor de Teatro del Mundo (UBA) a la adaptación de texto.
Cartas a mi hijo Federico se presenta los viernes a las 20:15 h en Ítaca Complejo Teatral (Humahuaca 4027, CABA). Entradas disponibles en Alternativa Teatral.