La casa de Bernarda Alba

El eco de Bernarda: una casa, muchas sombras

En la puesta de La casa de Bernarda Alba dirigida por Carlos Rapolla, los cuerpos, las luces y los silencios reabren las preguntas que Federico García Lorca plantea acerca del poder, el deseo, la obediencia y la libertad. La obra, que se estrenó este fin de semana en el espacio Muy teatro, se trata de una versión particular de un clásico que sigue ardiendo.

Por Caro Figueredo


“Las obras de arte no se brindan fácilmente, hacen preguntas, y las obras importantes más preguntas que las demás”, plantea el intelectual francés Gérard Wajcman en su texto El objeto del siglo. Quizás esta afirmación implique otro concepto: que toda obra es, a su modo, una respuesta. En el caso de un clásico de la dramaturgia como La casa de Bernarda Alba, ambas dimensiones -la pregunta y la respuesta- se manifiestan en toda su plenitud.

Revisitar a Lorca implica, todas las veces, un grato momento. De la mano de una puesta en el circuito alternativo de la Ciudad de Buenos Aires, el teatro nos devuelve a ese hogar cerrado donde las mujeres viven bajo el luto impuesto por Bernarda, madre y carcelera, guardiana de las apariencias y del miedo. Cada representación es una nueva pregunta lanzada al público: ¿qué cambió desde entonces? ¿Qué persiste?

Carlos Rapolla asume el desafío de volver sobre un clásico inagotable, y lo hace con una adaptación que constituye un entramado de luces y sombras que revela lo invisible. Su dirección conduce a un elenco de once intérpretes que encarnan la asfixia, la esperanza y la condena de un mundo detenido en el tiempo. Bernarda, sus cinco hijas, la Poncia, la criada, María Josefa, un muerto-narrador, la representación misma de la muerte y la aparición de Pepe el Romano nos dejan oír el pulso de lo que se calla: la violencia doméstica, la humillación, la represión de los cuerpos, el deseo  que late bajo la obediencia, la libertad como sueño y castigo.

Rapolla conserva la esencia trágica y simbólica de la obra, pero propone una lectura complementaria, donde el eco lorquiano se filtra en cada diálogo y en cada elemento. De hecho, los símbolos (la cruz, el bastón, la negra muerte, la religión, etc.) tienen gran presencia a lo largo de los 120 minutos que dura la versión, enriqueciendo la narrativa con nuevas capas de significado.

El elenco -conformado por María J. González, María Arcuschin, Liliana Cefali, Celia Gentile, Claudia González, Lorena Pérez, Melissa Salerno, Mirta Samber y Pinky Vergara, junto a Claudio Cari y Santiago Galarza– habita la escena con gran entrega, en cada respiración, en cada mirada que se quiebra o se desafía. En sus gestos y silencios se percibe el peso de una herencia que se repite, pero también el impulso vital de querer quebrarla.

Las paredes -reales o imaginarias- parecen cerrarse sobre esas mujeres que, sin contacto con el exterior, viven bajo la mirada ajena y el peso de la costumbre. Pero también es el lugar donde late la insurrección. El diseño lumínico y la puesta acentúan esa tensión: revelan los secretos, los anhelos y las grietas del poder. La escena se vuelve entonces un territorio de emoción y de riesgo, donde el público es testigo de la risa y de la tragedia, del silencio y del grito desgarrador.

Y así, el teatro se convierte en un lugar de exorcismo: un espacio donde lo reprimido finalmente se nombra. La casa de Bernarda Alba confirma que el fuego de Lorca sigue encendido: en cada actitud, en cada ademán, en cada palabra que se atreve a salir, el autor nos recuerda que la libertad -esa palabra que aún incomoda- sigue siendo un acto de valentía.


Porque, como sugiere Wajcman, las grandes obras no se agotan en lo que dicen: preguntan, responden y vuelven a preguntar. Y esta versión en especial de La casa de Bernarda Alba lo hace con la misma fuerza con la que fue escrita: para incomodarnos, conmovernos y mantener viva la llama de Lorca.


La casa de Bernarda Alba (Federico García Lorca), adaptación y dirección por Carlos Rapolla. Con María J. González, Maria Arcuschin, Claudio Cari, Liliana Cefali, Santiago Galarza, Celia Gentile, Claudia González, Lorena Perez, Melissa Salerno, Mirta Samber, Pinky Vergara. En MUY Teatro, Humahuaca 4310, CABA. Entrada general: $17.000, jubilados: $15.000. Funciones: sábados 17 horas. 

Web: https://instagram.com/muyteatro

https://www.alternativateatral.com/obra98059-la-casa-de-bernarda-alba

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *