<span style='font-size:28px;'>Conversaciones</span><br> Chary: “Viví toda mi vida para Loquero”

Conversaciones
Chary: “Viví toda mi vida para Loquero”

Con Claudio Fernández -más conocido como Chary de Loquero- inauguramos una nueva sección en La Linterna Web: una serie de especiales dedicada a artistas que nos acompañan, nos forman y siguen siendo faro para más de una generación. En medio de los rumores que anuncian el posible final de la banda, el cantante toma la palabra. Desde la franqueza, comparte reflexiones acerca del grupo y sus proyectos paralelos. Así, nos deja al descubierto un paisaje donde las certezas son pocas y la palabra todavía importa.

Por Caro Figueredo

Agradecemos las fotos a Gux Ramone


Es viernes por la noche de un verano agobiante. En algún lugar de Mar del Plata, alejado de la zona turística, las luces, los brillos, el gentío, Chary vuelve del médico debido a unos cólicos que lo tuvieron mal la noche anterior. Unas piedras pequeñas, microlitiasis, lo obligan a tomar analgésicos y a hacerse un tratamiento para evitar posibles infecciones. 

Hace uso de un vocabulario específico para explicar lo que le pasa: “unas piedras que se forman con una sustancia del calcio llamada oxalato. Está en el agua, en muchos alimentos y algunas personas son más susceptibles a tener eso”. Por su trabajo como enfermero, dato que muchos saben, tiene un conocimiento de su cuerpo al que, sin embargo, ve deteriorarse. “Ando muy enfermo últimamente”, se sincera. Y es así como lo encontramos a lo largo de la entrevista: sincero, hasta descarnado. A veces, un poco ambiguo, mostrándose cerca del nihilismo, pero nunca sin respuestas.

“Soy una persona que está al frente de una banda, hace más de 30 años, ya me olvidé cuántos. Me paro en el medio, no a un costadito, justo en el medio. También soy un mal padre y no muchas más cosas. El cupo está cubierto. Soy el frontman de Loquero y vivo para eso. Viví toda mi vida para eso”. Con esta crudeza se presenta a sí mismo el cantante de Loquero, banda formada en Mar del Plata en 1991, con la que editaron más de diez discos y giraron por todo el país, algunos países de latinoamérica y parte de Europa. En estos últimos años han logrado un nivel de convocatoria que se asimila con el mentado reconocimiento del público y de colegas. 

La Linterna Web: Estás al frente de una banda que te pone en el lugar de referencia para otros músicos, artistas independientes del género. ¿Cómo te sentís en ese lugar de “referente”? 

Chary: Con las bandas más jóvenes me siento demasiado halagado. Nos respetan mucho y algunos fueron influenciados por nuestra forma de tocar o de escribir canciones. No puedo evitar ponerme un poco orgulloso y al ver que le alegramos la vida a alguien, aunque sea un poquito. Fuimos una compañía y le tocamos el corazón a alguna persona. Veo cómo han podido catalizar toda esa influencia en proyectos artísticos superiores a Loquero, mejores todavía. Me caen bien los artistas. 

LL: ¿Tenés relación con algunos artistas nuevos de la escena actual?

Ch: Sí, bastante. Nos hemos ido de gira, por ejemplo, con Cursi no muere. Hemos girado por Chile, hemos vivido muchas cosas. La gente se imagina, pero no sabe que cuando te vas de gira con otra banda comienza una especie de familiarización, son como hermanos, en este caso menores que nosotros y nos hicimos muy compinches, muchas bromas y la pasamos bien. Estoy cerca también de Buenos Vampiros, banda de Mar del Plata. Y de otras bandas nuevas, con las que hemos tocado en el Konex, por ejemplo. Y siempre ha quedado una buena onda o una palabra, una cosa de acercamiento hacia nosotros con respeto y la verdad, me gusta, nos halaga.

LL: ¿Qué pensás de la escena actual? No solamente de las bandas amigas.      

                          
Ch: Se asemeja un poco a lo que vivimos allá lejos y hace tiempo, finales de los ‘80, principios de los ‘90 con las bandas que había y con las que éramos conocidos, no me animo a decir amigos. Compañeros de ruta, colegas, gente que está en la misma que nosotros y nos entiende o los entendemos. Me cuesta hablar de gente que no conozco bien. No son cómo éramos con Nekro, por ejemplo, que íbamos a Miramar o al cementerio, a curtir la vida. Teníamos la misma edad. Ya no me voy de joda con nadie. No salgo. Lo puedo ver, pero la verdad es que estoy afuera de todo. 

Desde fines del año pasado circuló una versión sobre la posible separación de Loquero. De hecho, el show que brindaron en enero en Groove (CABA) tuvo componentes emotivos y una atmósfera de despedida se percibía en el lugar, más aún con la frase que soltó Chary en el medio del show: “Se está acercando el final, amigos”.

LL: La pregunta del millón: ¿cuál es la actualidad de la banda?

Ch: Loquero está en un momento de relajación. Después de todo lo que fueron estos años de tormenta, de temporales, dejamos quieto el timón y estamos viendo qué vamos a hacer. Habíamos hablado de ir aflojando con los shows. Pero todo el tiempo siguen saliendo fechas, ahora más que nunca. De hecho, vamos a tocar en Art Media con 2 Minutos. También, algunas fechas con Eterna Inocencia por el interior del país. Vamos a ir a Chile. Habíamos pensado ir a lugares en los que Loquero es muy requerido, como Neuquén, Rosario, Córdoba. Pero estamos yendo a lugares imposibles, San Juan, Mendoza, Jujuy.               

LL: Dónde hay fans acérrimos, ¿no? 

Ch: Sí, re contra. Me sorprendió Tucumán, Jujuy, todo. Es adorable encontrarse con gente grande, gente chica. Bahía Blanca, fue increíble. No puedo decir nada. Es alucinante. Es un momento en el cual decimos, “tantos años de luchar solos o con un sello chico, por fin está rindiendo sus frutos”. Pero ya me cansé, ya está.                                                                    

LL: Y entonces, ¿qué decimos ante los rumores?

Ch: Estaba con fiebre. Me llamó el periodista del diario “La voz del interior” de Córdoba. No sé qué le dije, pero se hizo conocido. No hubo comentarios al respecto en la banda. Creo que va por ahí la cosa, por ir aflojando y parar. Por estas cuestiones de la salud ya no es como antes. Al menos yo que soy una parte importante de la banda, tengo que sentirme bien.

LL: ¿Cómo te sentís al respecto de este momento de relajación?

Ch: Es un momento incómodo porque no sé bien lo que va a pasar. No tengo muchas opciones tampoco: parar, no parar. Mi salud no ayuda para nada, es muy bravo estar internado a miles de kilómetros de tu casa durante 15 o 20 días. (N. de la R.: hecho que ocurrió en Antofagasta, Chile, en una gira que los llevaba hasta Perú en 2004, por las mismas dolencias que ahora lo vuelven a aquejar). A pesar de todo eso, seguimos. Pero no sé si ahora estoy tan afín de tener que vivir esa cosa surrealista que era Loquero.                                                                                                                        

LL: Una vez dijiste “No había que llegar alto, pero había que decir algo”. 

Ch: ¿Dije eso? (risas) Claro, no queríamos ser la banda de MasterChef (más risas). No estábamos en eso. Estábamos en la autodestrucción, en otro viaje. Era otra época, otras edades, otra gente. Nunca pensamos, ni siquiera, que íbamos a grabar. Grabar en serio, en un estudio. No creíamos que fuéramos a viajar. Las conversaciones en la banda antes de grabar el primer disco eran: “Con vos no me siento en un avión ni en pedo”. Eran muy amistosas (risas). Porque Loquero fue una batalla al comienzo. Por dentro y por fuera, como es arriba es abajo. Recuerdo al baterista que teníamos en aquel momento tirando los platos como un frisbee terminando de tocar, o no sé si ya habíamos terminado, porque eso no importaba. Era una demencia en la que terminábamos en el hospital o presos. Y nos parecía bien eso, pues era lo que había que hacer. Por eso había que decir algunas cosas. Y creo que las dijimos.                                                                                                                 

LL: Ahora están en otro mood.

Ch: Sí, pero a la fuerza. Esa etapa ya pasó.  

Estamos en otra etapa, tal vez el final del camino. Loquero empezó como un hecho catártico, no como una banda de culto. Un hecho de explosión. El Temor morboso es toda una escupida en la cara de un policía. Pero claro, hicimos como 15 discos después, es un montón. El momento catártico pasó. Pero el comienzo fue ese y creo que estuvo bien. Me alegra haber podido ser el soundtrack de vida de varias personas, de su vida a veces amorosa, de su vida luchadora. Porque cuando me levantaba para ir a trabajar y escuchaba a V8, me daba fuerza. La música que nosotros escuchábamos nos empujaba. Me daban ganas de agarrar la guitarra y empezar a tocar.                                                          

LL: ¿Tiene que ver la edad, era una cuestión de juventud esa rabia? 

Ch: No, no. Son dos cosas distintas. Me siguen dando asco las mismas cosas o casi las mismas que me dieron cuando era chico. Eso no ha cambiado. Pero la forma de expresarlo sí ha cambiado. De hecho, las canciones también han cambiado porque, aunque no queramos Espíritu de 3 tonos es un disco dulce, casi te diría, comparado con Black. Y creo que aun sintiendo lo mismo que sentía cuando tenía 14 o 15, de alguna manera fui cambiando porque si no cambio, soy un imbécil. Tengo que cambiar por lo menos mi impronta de cómo digo las cosas, cómo llego hasta vos.                                                                                                                

LL: La evolución, ¿no?                                                          

Ch: Intento, es difícil. Loquero fue mutando muchísimo, porque nosotros cambiamos. ¿Y cómo no vamos a cambiar? Si éramos pibes. Y veníamos del punk rock. Y empezamos a hacer una cosa medio postpunk. medio sónica, medio noise, nos tiraba eso más que el punk.                                                                                      

LL: Renegaste un poco del punk, ¿no?                                  

Ch: Sí, sí, siempre me pareció algo comercialoide, poser. Salvo muy honrosas excepciones, esporádicas, en todo tiempo y en todo lugar, no solo acá en la Argentina sino en otros lugares, otras influencias. No quiero ponerme tampoco a juzgar ni nada, porque podrían decir que Loquero era ruido. Y eso queríamos hacer, nada más que ruido. Recuerdo terminar un show y que venga un colega a decirme, “No entendí nada, pero qué quilombo que hicieron.” Y estaba bien. Eso no tiene nada que ver con el punk o sí, tal vez tenga todo que ver. Con los postulados del punk. En nuestro último disco hay referencias a aquel momento de nuestra adolescencia. Cuando tenés 15 y 16 años, obviamente tenés el punk. ¿Qué otra cosa puede ser? Para mí no hay otra cosa.                                                                                                                     

LL: Ahora hay otras opciones…                          

Ch: Ahora hay otras cosas, es cierto. Está bien, son otras formas de expresarse, es válido. Además, tienen otras cosas que decir, porque la rebeldía no pasa por lo mismo que pasaba en los ‘80, con la Rebelión Rock, la Heavy Rock & Pop, lo que fuere. No puedo erigirme en la voz autorizada. Porque no me interesa ser la voz autorizada ni ser el líder de comunicar nada. Ya dije lo que tenía que decir.

LL: Algo que te gustaría destacar de todos estos años, algún show que te haya gustado más, alguna gira. Siempre hablás muy bien de las giras con 2 Minutos.

Ch: Gente sana, che. Gente muy sana los 2 Mi (risas). Con ellos me divertí. Y… muchas veces las giras de Loquero han sido muy, muy bravas. Hemos dormido en la calle, nos hemos tapado con cartones. Hemos estado días sin comer. Nos han dejado varados en alguna ciudad. Me he quedado en un aeropuerto 48 horas. He perdido aviones. He pasado de todo con Loquero, pocas cosas buenas. Si tengo que recordar algo: es cierto, los 2 Minutos me parecen increíbles. Con los Loquero también nos hemos divertido mucho, hemos hecho locuras y bromas pesadas a otros músicos. Aku (bajista de Loquero) se la pasa haciendo estupideces todo el tiempo y siempre provoca risas. En mi interior voy a guardar los mejores momentos, los que iba pensando mirando una ventanilla, pasando los kilómetros y escuchando algo en auriculares y a la vez imaginando cómo iba a ser el futuro del grupo y hasta me emocionaba pensando en eso. Esos son momentos muy míos.                                                                                         

LL: ¿Cuál era el sueño, hasta dónde llegar?

Ch: Nosotros no queríamos llegar a ningún lado. Cuando empezamos, íbamos a irnos a Alemania porque había un concurso y el premio para la banda que ganara eran los pasajes. Vivíamos en una nube de pedos. Un día íbamos a escribir una carta a Fidel Castro para que nos nacionalizara (risas). Toda una cosa de drogados, delirios, pero nosotros lo pensábamos en serio. Hay gente que no puede mantener un ritmo mucho tiempo porque está muy drogada y o muy borracha y ¿hasta dónde va a llegar esa persona? No teníamos esperanza de vida nosotros. Demasiado vivimos.

LL: ¿Cuál es el disco que más te gusta? 

Ch: Voy a ser demagógico y… Lo hacía como una catarsis, pero en definitiva la gente me sorprendió a mí. Por ejemplo, Fantasy, es un disco con música alegre y letras tristes. Y cómo la gente lo entendió, tal vez más que yo. Entonces, por eso el disco que más quiero es Fantasy.

Sabía que Temor morboso era una bola de destrucción masiva. Era el reactor nuclear número cuatro de Chernobyl sonando. Una bola de destrucción y de odio y de todo eso. Pero Fantasy no. Tengo el presentimiento de que tuvo mucho que ver Nekro. Él venía escuchando bandas inglesas medio pop punk. Yo también estaba escuchando eso. Le puse una impronta suya.

Foto: Gux Ramone

Se toma su tiempo para responder, quizás porque su ritmo sea ese: pausado y medido. Algo alejado de lo que podríamos suponer de los momentos iniciáticos de su carrera en el punk. Acentúa las palabras y suelta frases cortas, directas, dignas del género. Quiere ser comprendido, que no haya malas interpretaciones. Llama la atención que sus reflexiones pasen de la ironía que provoca risa a sentencias de tono melancólico en menos de un minuto. Esa ambivalencia es lo que muchos críticos y su público han denominado “lucidez”. El doble carácter del poder de la palabra y su incapacidad de comunicar tal vez haya sido la chispa que le provocó querer ser cantante.

Por otro lado, y como si se tratara de otro personaje, Chary no se queda quieto. Y no se encasilla tampoco. A mitad de la pandemia por Covid-19, lanzó su proyecto solista, con disco (Pop), banda y presentaciones propias ni bien se habilitó esa posibilidad. El repertorio incluía covers de artistas de varios géneros, lo que le permitió expandirse como vocalista. A su vez, conformó Sobretodo Negro, un súper grupo del under con Gori (Fun People, Fantasmagoria), Tomás Nochteff (Dios, Mueran Humanos) y el Chino Biscotti (Cadena Perpetua), con quienes publicó, por ahora, dos singles oficiales. 

Hoy en día continúa sacando temas en formato solista. Acerca de los detalles, dejemos que lo cuente él. 

LL: Pop se publicó en 2021. ¿Desde cuándo se venía gestando?

Ch: Desde que nací. De chico me subía a una heladera e interpretaba todas las canciones de los discos que había en la casa de mi tía. Y tenía una sola persona en el público. Me dije, “quiero cantar estas canciones.” Toda mi vida quise hacer eso. Cuando tuve la oportunidad, que el sello me dijo, “Hacelo si querés”, empecé a buscar las canciones que me llegaban cuando era chico. Ahí salió todo ese crossover raro. Le puse muchas pilas al proyecto que abarcaba desde el pop hasta V8. Metimos algo de Osvaldo Civile; toda la gente que participó como invitada: 2 Minutos, Flema, Él Mató, Antonio Birabent, Flavio Cianciarulo, los Súper Ratones, Cadena Perpetua. Toda esa gente me apoyó, “Dale, va a estar buenísimo, vamos para adelante”. 

Fue un fracaso económico el disco en cuanto a la venta del vinilo. Para mí estaba todo bien. Pero no toda la gente opina igual que yo, sobre todo la gente que tuvo que pagarlo. Fracasó rotundamente. Pero para mí fue un éxito. Porque a ese pibe del que hablaba, a ese pibe no le fallé, al que se subía a la heladera para cantar. Todavía sigo grabando canciones, aunque ahora tengo que pagar yo (risas).

LL: El tema que salió la semana pasada, tu versión del tema de The Garkas, ¿dónde se enmarca, dentro del disco Pop o de su sucesor?                                                                

Ch: Es una secuela, es lo que va quedando, la “resaca” de Pop. Con Gori estuvimos grabando a la distancia. También estuvo muy bueno y creo que lo que hicimos está bien. Nos quedamos con ganas de hacer más. Pero no estoy para profesionalizarme, para ensayar, no tengo ganas. Me cuesta, me cuesta un montón.                                                                        

LL: ¿Y dónde queda el proyecto Sobretodo Negro?                                               

Ch: Queda en que cuando tengo ganas lo hago y cuando no tengo ganas no lo hago. No me voy a poner a laburar otra vez. Ya está. No quería trabajar. Terminé laburando como loco.                                                                                           

LL: ¿Vas a sacar más temas?                                                         

Ch: Sí, tengo un par de canciones nuevas. Hice una hace poco para la gente de Bahía Blanca. Justo tocamos nosotros y ¡hubo un tsunami!, ¡pasó un tornado! Y me dolió tanto que les hice una canción a ellos, la tengo que grabar. Siempre estoy escribiendo. Pero no sé cómo sacarlas. Porque soy muy limitado y me da vergüenza. “No, esto es una porquería, esto es una porquería, esto es una porquería.” Y las tengo ahí.

LL: ¿Tenés amigos con los que se juntan a zapar? Más allá de estas cuestiones con Gori o con los chicos de la banda de Pop.                                                                 

Ch: No, prácticamente no. No me junto con músicos realmente. Ni con músicos ni con nadie. Volver a ensayar, no. Con Loquero lo hago porque es cumplir con las fechas y eso. 

LL: ¿Te sentís bien con tu ser solitario?

Ch: A veces no, a veces digo hice todo mal. Hice todo mal. Y a veces pensás que la vida fue así, qué sé yo. Hoy hablaba con una persona grande, también, que me decía que está solo y está buscando un geriátrico para ir. “Me gusta ese geriátrico porque tiene árboles, me voy a poner abajo del árbol.” Y está bien. Tarde o temprano va a llegar el delicado momento. A algunas personas les habrá ido bien. Y a otros no, no fue para el culo (risas). 

LL: La pregunta era en relación con que hay mucha gente que quiere grabar con vos, muchas personas que te expresan su cariño. Y vos elegís estar solo.

Ch: Y sí. Y sí. Cuando el Gaucho… ya hablo como Iorio (risas). Cuando el Gaucho se quema con la leche, ve una vaca y llora. Ya conocí a la gente, capaz que es el momento de estar solo.

LL: Queda gente buena todavía en el mundo. 

Ch: Suerte (risas). 

LL: ¿Qué música estás escuchando ahora?

Ch: Hoy escuché el disco de Pulp, This is hardcore. En general, escucho a los clásicos. No soy de escuchar bandas nuevas. Como esa gente que está todo el tiempo escuchando cosas nuevas y buenísimas. Una amiga me presentó los otros días a Viagra Boys. Una especie de Sumo cheto (risas). Ahora vamos a tocar en un festival con un montón de bandas, Mar del Pop. Winona Riders, bandas de Mar del Plata, también: Las Tussi, Buenos Vampiros. Vamos a tocar con bandas nuevas, así que las escucharé.                                              

LL: ¿Sos de recomendar música?

Ch: No, ni a palos. Porque me quedo escuchando a Cafrune, al Polaco; me pongo medio melancólico, y me pongo a escuchar música vieja. ¿Sabes cuál fue el primer disco que me regalaron? Uno de Jorge Cafrune. Y me dije, “qué porquería”. Quería escuchar los Beatles, Creedence, los discos que tenía mi hermano mayor. Y mi padre me trajo ese disco. La rueda da vueltas, da vueltas, da vueltas, y “lento el tiempo es gran señor y grande el tendal que deja”. Y acá estoy, a punto de irme y escuchando a Cafrune. Y ahora digo: “Ah, pero este chabón es un groso, esto es muy profundo”. Entiendo cosas que antes no entendía. Me lo regalaron a los 7 años. Sin querer me viejo me signó de alguna manera dándome ese disco, ese gaucho solitario y medio subversivo, medio malevo. Que andaba con un cuchillo en la cintura y en un caballo. Una vez con Nekro estábamos hablando y me tira, “¿Por qué no te vas por todo el país a tocar la guitarra arriba de un caballo como Cafrune? Si Cafrune lo hizo, ¿por qué no lo vas a hacer vos?” Me ponía fichas. El hijo de puta se estaba burlando.

LL: Nosotros somos un medio independiente. Si bien dentro de otra rama de la cultura, entendemos lo difícil que es llegar a una cierta audiencia. ¿Podrías dar un mensaje para los que se encaminan por ese lado?

Ch: Bueno, no es difícil: es imposible. Mi experiencia es que yo tuve en contra desde el vamos hasta a mi familia. Había dos personas que me apoyaban nada más. Imaginate la gente del negocio. Fue muy difícil. Podría decir, romantizando la miseria, que es muy lindo dormir tapado con cartón en Constitución (risas).

No puedo dar un mensaje positivo, lo lamento. Me encuentro muy desolado. ¿Viste cuando estás en una situación mental complicada? Es difícil ver las cosas buenas. Tal vez en otro momento te hubiera dicho la emoción de emprender, con esa alegría, esa inocencia, esa cosa naif que tenés cuando empezás. Después va a haber alguien que se encargue de destrozar tu sueño. En definitiva, cuando conseguís el objetivo, cuando conseguís todo lo que te dijeron que no ibas a conseguir, decís ¿para qué?

LL: En un momento de la entrevista dijiste que para vos el disco solista había sido un éxito. Nos podemos quedar con eso.

Ch: Pero también dije que había sido un fracaso. Igualmente, todo el mundo me dice que le gustó, “Ay, me encantó cómo cantaste”. “Por fin entendí las letras de Loquero” (risas). A mí me dejó contento. Lo otro es secundario, ¿no es cierto? Acá rescatamos algo. Los logros económicos o el crecimiento monetario… no todo se va a monetizar. Hay otras cosas más importantes. O tal vez luchar contra los molinos de viento signifique que finalmente caes derrotado. Pero como narración queda bonito.


Entendiendo las reglas de juego, en definitiva, Chary establece una complicidad y sigue navegando en las aguas de la sinceridad. Y concluye “tal vez el reportaje no va a quedar como se quisiera. Pero bueno, Loquero no es como uno quiere, sino como sale”.

Lejos del mito y del personaje, queda la voz de alguien que no se esfuerza por dejar un mensaje tranquilizador. Habla desde el cansancio, la duda, el cuerpo que pasa factura y una sensatez que no busca convencer a nadie. Sin maquillaje, sin consignas vacías. Tal vez de eso se trate hoy el punk y también la honestidad: de animarse a decir las cosas como son cuando el ruido baja y la épica ya no alcanza.


Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *