Primitivos

Primitivos, el mito

La segunda novela de Damián Snitifker (Editorial Crack-Up) propone un eco atravesado por el diamante de la nostalgia y el pasado, para volverlo presente, cercano y radiante. Primitivos es una gran historia que involucra amor, romanticismo, añoranza, fuerza, amistad. 

Por Sanderico y Caro Figueredo


Cuando la hija de Lucas Virasoro -protagonista de la novela Primitivos de Damián Snitifker– le dice a su padre “¿no te preguntás qué hubiera pasado si hubiesen tocado por más tiempo?”, se comienza a desandar una serie de acontecimientos y, principalmente, cuestionamientos internos que estaban interrumpidos en el tiempo.  

Algo íntimo, casi atávico y necesario para sí mismo lo atrae a la música constantemente. Sin ella su proyecto de vida luce incompletitud y hasta transforma su cotidianidad (familia típica, trabajo en la ferretería que había sido de su padre) en “una cárcel” de la que lucha por escapar. Estas razones lo hacen acercarse -consciente o inconscientemente- hacia la búsqueda de sus ex compañeros en Primitivos, aquel grupo de rock con el que se volvieron un mito del underground de la década de 1980.

Podríamos, si el lector nos permite, trazar una analogía con Adrián Yanzon y su agrupación Los Pillos, esa banda emblemática de los 80s, que tal vez entre en la categoría de “maldita”, “no reconocida”, ya que nunca accedieron al lugar merecido. La voz de Yanzón bien podría sintetizar el punk y post-punk de esos años en Argentina, en imaginería compartida de un Ian Curtis o un Nick Cave. Esta novela, editada por Crack-Up a fines de 2025, es una revancha a la historia pertrecha, mezquina e inauténtica del reconocimiento sin tragedias. Damián Snitifker rescata, enaltece, embelece -por otra forma, con otras formas y de manera novelística- un trabajo de redención y de ahí todo el mérito preciado y necesario.

La novela propone un eco atravesado por el diamante de la nostalgia y el pasado, para volverlo presente, cercano y radiante. Primitivos es una gran historia que involucra amor, romanticismo, añoranza, fuerza, amistad. 

Esta es la segunda novela de Damián Snitifker; la primera (Ciudad Dormitorio, 2020) fue reseñada también aquí, en La Linterna. En esta ocasión tenemos una síntesis narrativa de lo que “podría haber sido” pero no llegó a ser. Y qué pasaría si llegara a ocurrir el regreso de una banda punk o post-punk emblemática de las periferias. La pregunta se desplaza entonces a ¿retornar para qué?

Snitifker describe a personajes que se parecen a cientos de Adrián Yanzones desconocidos. El nombrado personaje principal, Lucas Visaroso, 53 años, regresa a los escenarios después de la gloria y la nostalgia para construir lo anhelado y culminar con épica: volver a las “grandes ligas”, recuperar el tiempo que ya no es lineal. No se trata del éxito si no de volver a ocupar el tiempo en que uno estaba vivo. La historia es una reminiscencia de la ausencia, de la sutura, de lo que marca, de lo que falta recuperar.

Hay algo constante que afecta a nuestro antihéroe, que lo tiene en tensión aunque él no pueda identificar qué es; se sabrá con el andar de la historia. Un cierto tono melancólico predomina al comienzo del relato, pero todo se da vuelta en un zigzag. 

Lucas no busca aprobación, sino que se trata de un diálogo con la existencia, con la familia, con su mujer, con sus hijas, con sus amistades. Y una búsqueda: que lo acepten en su esfera musical, dónde era libre, indómito y primitivo. Esto es un logro del autor, en el sentido que consigue remover el alma de su personaje para llegar a un estado cercano a la felicidad. En muchos pasajes, Lucas se rompe, quiebra y adolece del trayecto, y ahí yace el acierto de la novela, en recuperar esa chispa para hacerla real y permanecer en la fuerza de la música y la esencia del esplendor.

Damián Snitifker, autor de Primitivos

Con la trama, Snitifker rememora lo mejor de la tradición de las novelas semi verídicas, en las que el lector nunca terminaría por darse cuenta si Primitivos realmente existió. Tranquilamente podría ser un pasaje en la historia de un grupo musical. La historia de muchas bandas que quedaron en el camino y a veces nos invita a repetir la pregunta de la hija de Lucas, ¿qué hubiera sucedido si seguían?

Se trata, en definitiva, de un homenaje a aquellas bandas que en su momento no tuvieron tanto público como hubieran deseado. Aquellas bandas que continuaron y también las otras, las que el mito envuelve. Ciudad Dormitorio fue un homenaje al mejunje que es la cultura popular en el conurbano. En esta segunda novela del autor, el homenaje se desplaza específicamente a los protagonistas de la música underground de zona sur en los 80s y en la actualidad. 

Si bien tiene un final inesperado, por lo menos para quienes la protagonizan, que hace que valga la pena leerla, devorarla casi, la novela es un fiel reflejo de que lo mejor siempre está por venir. 

Y no está escrito.


Tom Quintans (Bestia Bebé) hablando sobre Primitivos

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