¿Qué huellas sobreviven cuando todo está en movimiento? En Cemento Fresco, Florencia Romero propone un territorio de inscripciones precarias, donde las imágenes, los objetos y los recuerdos persisten aun cuando parecen destinados a desaparecer.
Por Caro Figueredo
La orilla es un lugar extraño. Todo lo que llega a ella parece estar de paso. El agua arrastra objetos, borra marcas, devuelve fragmentos. Lo que ayer estaba, hoy ya no está. Y, sin embargo, algo permanece. Una huella hundida en la arena. Una rama torcida por la marea. Una piedra que parece una señal. La sospecha de que incluso aquello que desaparece deja alguna marca.
La segunda muestra individual de Florencia Romero parte de esa intuición. Reunidos bajo el título Cemento Fresco, dibujos, pinturas, fotografías, esculturas e instalaciones construyen una constelación de imágenes atravesadas por la pregunta de qué puede inscribirse sobre una superficie que nunca permanece igual. La playa no es paisaje: es condición, un territorio donde todo está siendo transformado.
Hay rayos que se ramifican sobre fondos oscuros, aves luminosas suspendidas en la noche, objetos que parecen emerger de una tormenta y fotografías que registran momentos cotidianos como si se tratara de apariciones. En otro sector, una llave, monedas y conductos ondulantes flotan en el espacio, convertidos en elementos de una maquinaria imposible. Todos estos elementos parecieran venir de otra galaxia y cruzar un portal para ser retenidos por un instante antes de volver a desplazarse.
La propia lógica del montaje acompaña esta sensación. Las piezas no delimitan un recorrido lineal ni una narración cerrada. Al contrario, se presentan como indicios dispersos, restos de una experiencia que lx espectadorx debe reconstruir. Cada objeto funciona como una pista que ha dejado una sudestada en la orilla, cuando los restos acumulados todavía conservan el misterio de su procedencia.

En este contexto, el título adquiere una dimensión central. El cemento fresco es una superficie disponible para recibir marcas. Como la arena húmeda, conserva durante un tiempo las huellas de aquello que la atraviesa. Una de las obras materializa esa idea de manera directa: la frase que da nombre a la exposición aparece grabada sobre una superficie todavía blanda. La inscripción se presenta como un gesto provisional, indefinido, expuesto a futuras transformaciones.
Esa condición transitoria atraviesa la muestra. Los dibujos de Romero dialogan con la fotografía; los objetos encontrados se convierten en esculturas; las experiencias cotidianas adquieren una dimensión cuasimitológica. Entre una disciplina y otra, entre una imagen y otra, la artista parece preguntarse qué permanece cuando todo cambia de forma. Y es, en ese sentido, que Cemento Fresco no intenta fijar un sentido único.
Escribir en la orilla supone aceptar que toda inscripción es provisoria. Que el mar volverá a pasar. Que el viento modificará el paisaje. Que las huellas desaparecerán. Pero también que algo de ellas permanecerá circulando, transformado, en otra imagen, en otro objeto, en otra historia.



Cuándo: este sábado 20 de junio.
Dónde: Galería Fantasma (Almagro). Dirección por mensaje privado.
@galeriafantasma.buuu
@flor.romero_
Ph: Jesica Henri @fotolaponia
