Springsteen
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Springsteen: Deliver me from nowhere

La biopic sobre Springsteen discurre sobre la época de la grabación de Nebraska, álbum conceptual, íntimo y en clave folk de un artista que ya despuntaba en el firmamento del rock mundial. El proceso creativo del disco se diluye en cuestiones no tan bien abordadas por el director: una infancia traumática, la salud mental del artista, la relación con su padre. Acá te contamos un poco más sobre este intento.  

Por Germán Ríos-Morales


En la Historia del Arte son innumerables los ejemplos en los que el dolor impulsa, motoriza la creación de obras tan catárquicas como significativas, las cuales pueden llegar a marcar a toda una generación. Viscerales, las raíces de las tribulaciones contienen el material genético de producciones fuertemente inquietantes. 

Dirigida por Scott Cooper y basada en el libro Deliver me from nowhere (2023) de Warren Zane, vemos escapar a Bruce Springsteen (Jeremy Allen White, actor de la serie The Bear) de sí mismo, tras haber alcanzado el éxito y la masividad, en una soledad ruidosa impregnada de recuerdos devastadores de su New Jersey natal. Si bien The Boss es el jefe artístico de su propia carrera, no parece ser el jefe de su propia vida.

Los traumas de la infancia lo hunden en el fango de las emociones contrariadas y sólo posee una única, aunque insuficiente herramienta: su música. El resultado fue “Nebraska”, un álbum de folk viscoso, que se maceró bajo el filoso abrigo de vínculos rotos muy difíciles de cohesionar. 

Aún con el amargo descenso a las profundidades de Springsteen, la película de Cooper funciona menos musical que psicológicamente. No se desmarca del resto de filmaciones que abordan el clásico tópico “fama y riqueza no auguran la felicidad”; que la industria musical está dispuesta a triturar hasta el alma de un artista con tal de obtener un par de éxitos en la radio; y que no basta con huir para sanar las heridas abiertas del pasado, el hogar y la familia.

Springsteen: Deliver me from nowhere (Trailer)

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