Buenos Aires Nocturno

Buenos Aires Nocturno

Mailén se adentra en el mundo del fanzine y descubre un “tesoro”. En esta nota nos cuenta sobre el hallazgo de algo cuasi mitológico: la revista Buenos Aires Nocturno.

Por Mailén Álvarez


Conocí a un personaje tímido frecuentando el circuito de publicaciones independientes de la ciudad. Concreté con él un encuentro para comprarle unos fanzines punks de los ‘80. Llegué por la tarde al barrio de Pompeya y toqué el timbre de una casa antigua. Se notaba su desgano, a la vez que yo estaba apurada por realizar la compra. De todas maneras, luego mi estadía se extendería. 

En un cuarto casi oculto dentro de la casa había libros que calificaría como “extraños”, fanzines de todos los lugares de Buenos Aires y más allá. Poca poesía, mucha imagen. Lo grotesco y delirante dominaba el lugar. Podía sentirse un “aura”: cráneos, una publicidad de Fernet 1882 con una Coca Sarli eternamente atractiva, tango, vhs, un póster de Héctor Lavoe y demás objetos que una no logra imaginar en qué circunstancias se adquirieron. 

Sin querer, vi lo que él describió como su tesoro. Este arisco hombre me contó el porqué de la peculiaridad del pequeño libro de fotografías en blanco y negro, sin fecha, año, editorial ni autor a la vista. Simplemente el título “Buenos Aires Nocturno” con una tipografía tosca y una imagen del obelisco, el monumento fálico blanco que se impone ante vagabundos y turistas. 

Buenos Aires Nocturno

Esta publicación presa de la censura se cree que vio la luz en la década del ‘50 aunque nadie tiene la certeza. 

Un público reducido, entusiastas del placer en solitario, conocían los puntos de distribución de estas raras y cortas tiradas de imágenes prohibidas: entiéndase, anónimas y amateurs. En esos tiempos nadie se atrevía a exponer que realizaba pornografía ni que la consumía.

El ermitaño aunque amable muchacho comentó que, recorriendo ferias de objetos usados (su única actividad social que realizaba religiosamente cada domingo), encontró sin buscar algo que lo fascinaría. No solo por su contenido altamente sexual sino también porque estaba casi oculto entre comics y revistas Rolling Stone a un precio ínfimo. Así, con esta primera adquisición comenzó a engendrar la colección de reproducciones eróticas que casi como de contrabando debía buscar y buscar por la ciudad. 

Unos años después, dio con Cojer, un catálogo de Eduardo Orenstein, famoso coleccionista de arte erótico de la ciudad de Buenos Aires. Este libro es una selección de textos de la pornografía clandestina publicada en el Río de la Plata durante el siglo XX.

Orenstein no hace mención de Buenos Aires Nocturno, lo que refuerza la sensación de publicación de nicho, pero vale aclarar que el ideólogo del Museo de Arte Erótico, nacido en Uruguay, se radicó en nuestro país a inicios de los ‘70 y también a partir de esa década comienza su investigación en el área pornográfica.

Entonces, Buenos Aires Nocturno no solo es un tesoro porque incluso en internet no se puede encontrar información sobre la edición, sino por las imágenes explícitas donde se transmite la libertad y el goce. La sexualidad que en aquella época muchas personas no ejercían por pudor o un moralismo basado en la falsa pureza que debían aparentar las mujeres, en estas fotografías se vislumbra la ruptura de la inhibición. Se abre así un espacio donde lo que no se mostraba ni se encontraba estaba representado tal cual era: sexo.

Años después, en la década del ‘90, el panorama cambió radicalmente: empezaron a venderse en puestos de diarios de cualquier barrio revistas con desnudos y pornografia en vhs. Actualmente, lo que antes se escondía está en internet; lo buscas, lo tenés.

Ya entrada la noche, partí a mi casa con los fanzines que compré y con las imágenes de Buenos Aires Nocturno en mi cabeza y en mi celular, ya que la posibilidad de que lo prestara era imposible. De eso se tratan los tesoros: de tenerlo uno y no otros.

Ph: Juha Tamminen

° Agradecimientos a Pablo Garibaldi del Fanzine La Ponzoña

° Juha Tamminen: www.juhatamminen.photoshelter.com


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