Capusotto Core, ítalo disco y hard techno, un chute de energía en la noche del under de Buenos Aires que experimenta fusiones constantemente.
Por Mailén Álvarez
Una noche de viernes de marzo, luego de años de tomarme un descanso, vuelvo a pasar la madrugada en el Tío Bizarro de Burzaco. No es para menos, quiero ver una vez más Fama y Guita, conocer Xtrionika y bailar con Electrochongo. Tomo el 160 y bajo en la estación, una amiga me espera en la esquina del Tío y otra ya está dentro. Están por empezar las bandas.
El disco del siglo, último álbum de Fama y Guita, dúo formado por Mariposa Trash y Rick Ache, trae hits politizados como suelen crear desde su cercano y ruidoso comienzo, con canciones como “Corchazo” que sentencia:
“El fin del mundo es tendencia/ Y no lo puedo bloquear/ Arden todas las pantallas/ El vacío es full 4k/ La realidad me hace ghosting/ Mi terapeuta es un bot/ Veo los likes en mi foto/ Me siento mucho mejor”
Este dúo ya es representativo del under más bizarro. No es un recital punk: es un asalto, un carnaval queer con data de geopolítica global y sarcasmo ante una realidad que no se dibuja ni se caretea más allá del brillo del cotillón, el bondage y las melodías de cuarteto y zumba. Para los aburridos puristas del punk un espectáculo así está desfasado, es demasiado (como dato, reversionan un icónico tema de los Sex Pistols con una letra ácida contra una clase social pudiente y mediocre que habita CABA). Y, aunque en un principio Fama y Guita era catalogado como punk, no tardaron en plantarse en un lugar más amplio; baile y protesta. “Yankis de mierda!” es sin dudas la canción más icónica.

Han sabido destacar no solo estéticamente sino también con la creación del Capusotto Core. En palabras de Mariposa Trash este estilo es “un género musical autóctono de Argentina. Si existe el hardcore, el madcore, el metalcore, el internet core y un montón de géneros más ¿por qué no existiría en Argentina el género Capusotto core? Ya que ¿qué cosa tuvo más influencia en la cultura contemporánea que el humor de Pedro Saborido y Diego Capusotto en Peter Capusotto y sus videos? El humor de este programa pregnó tanto la cultura que muchos productos culturales queriéndolo o no parecen salidos de este programa de televisión”.
El fin de semana nace ante una pista del Tío Bizarro vacía que de repente se ve invadida. Xtrionika irrumpe primera para despertar los cuerpos, artista de una frescura necesaria en la oscuridad de la madrugada conurbana.

Luego me cruzaría con Zoe en el patio para charlar sobre su performance. “El show se basa principalmente en la combinación de sonidos pop junto a ritmos estrambóticos y viscerales como lo son el hard techno, el glitch y texturas experimentales”, dice. El lugar está alborotado y se ven caras con ojos brillantes, outfits que dan ganas de retratar, pelos de colores y una sensación de que nada está impostado, nada es pose. Continúa Zoe: “La performance está altamente influenciada por el universo cyborg que es el núcleo de toda la narrativa tanto lírica, como de baile y de sonido. Es como si Charli XCX, Lady Gaga o Madonna mutaran en un futuro en máquinas prediseñadas para tocar e interpretar un modelo de artista pop”.
Xtrionika ofrece su música casi sin pausas para que los presentes entren en trance. Su propuesta para todos los sentidos estimula mediante su sonido, imágenes apareciendo detrás y su presencia que oscila entre feroz y sensible.
Luego, se hace presente también el ítalo disco y la new wave con Electrochongo. Juampi Malvasio reluce una vez más su ya familiar pero siempre vanguardista impronta. Reconocible en el escenario que sea, Conurbano o Capital Federal, el despliegue de sonidos pone a bailar a los presentes con el hit “Música de putos” que reza: “El arte ya no existe, hoy sólo existe el marketing,/ lo más moderno resulta ser pura imitación./ Hay música que suena, hay música de fiesta,/ hay música que dice que hoy ya nada queda,/ y hay/ música de putos/ para gente linda,/ para alguien sensual”.
Electrochongo es vigencia. Desde 2009 una silueta muchas veces solitaria habita el escenario sin más que el aura new wave y un teclado.
Entre las luces y los colores se oye una letra quizá erótica, filosa, callejera y es que Electrochongo viene de un vórtice en la ciudad llamado Once. Fiesta Negra es una buena iniciación si nunca antes lo escuchaste.

Esta otra escena que se revela en la nocturnidad de Buenos Aires no te duerme. Es ésa precisamente la base de su existencia, no se queda quieta, no te aburre. Si no te gusta bailar o venís del pogo podés encontrarte de repente en el medio de un trencito de la alegría, contorsionándote con un canto de sirena cyborg o dejándote llevar por un teclado estridente.
Una movida disruptiva que te va a hacer buscar en Spotify a sus protagonistas al otro día cuando despiertes de una noche extraña.
Incito fervientemente a que asistas a estos despliegues de experimentación sonora y lírica.
