Después de diez años, Public Image Ltd. volvió a Argentina con su gira This Is Not the Last Tour. Cubrir este show tuvo mucho de particular para quien creció con sus canciones dando vueltas en la cabeza. No alcanza con decir que son históricos, ni con repetir la genealogía obvia que los conecta con otra época. Lo que pasó en el escenario obliga a correrse de ese lugar nostálgico.
Por Guadalupe Arce
Ph: Carlos Velasco x @recitarg
El sábado en C Art Media el clima estaba expectante, incluso con cierta cautela. Como si nadie tuviera del todo claro qué versión de la banda iba a aparecer. ¿Un ícono reviviendo su historia, quizás?
Fea abrió la noche. Al público le llevó unos temas entrar; aun así, la recepción fue buena para la banda liderada por la actriz Sofía Gala.
El cambio fue rápido. Cuando salió John Lydon, el reconocimiento fue inmediato y la reacción explotó: aplausos, gritos. Pero enseguida todo volvió a una especie de concentración.
Lydon ocupaba el lugar sobre el escenario sin moverse demasiado. La primera impresión, entonces, fue física. El cuerpo no respondía a ninguna idea clásica de frontman: permaneció casi todo el show en el mismo sitio, incluso predominó el control cuando parecía desprolijo.
La banda fijó rápido el terreno y se sostuvo con una solidez sorprendente. Precisión sin protagonismo. Las transiciones extrañas primaron, momentos donde lo reconocible se diluía y otros donde volvía con fuerza.
El sonido corrió hacia el dub más que al punk. El bajo lo sustentaba todo: adelante, insistente, magnético. Las guitarras trabajaban sobre la textura. La batería era seca. Los temas avanzaban por repetición, acumulando peso. Cada vuelta sumaba incomodidad. No había corte claro ni alivio. Es así como se armó una tensión sostenida, medio ansiosa, donde nada distraía del cuerpo de Lydon y del sonido. En una era donde todo está hiperproducido, esto es casi violento.
Y cuando llegaron temas como “Rise”, no hubo liberación total… más bien se sintió como una especie de mantra colectivo.
En ese flujo, Lydon interrumpía. Hablaba como si estuviera pensando en voz alta, escupía, se sonaba la nariz, exageraba muecas, era casi una actitud grotesca. En medio del set, se alejó del escenario a fumar y volvió, como si ese corte estuviera pensado como parte del show.

En un momento, mencionó que perdió gente cercana, que lo insultaron mucho, y pidió que lo sigan insultando. El público, obediente, respondió con cantos del tipo “hijo de puta” y “el que no salta es un inglés”
La voz de Lydon se movía igual que el resto del show: se corría del pulso, estiraba frases hasta que se rompían. Hubo partes habladas, otras más cercanas a un rezo. No buscaba precisión ni la necesitaba. Funcionaba desde esa decisión. Extremadamente expresivo y teatral en sus gestos, aunque permanecía casi siempre en el mismo lugar, su presencia era hipnótica.
El público acompañaba con escucha atenta, los cuerpos avanzaban y retrocedían. Había una mezcla muy visible: gente que curtió los 80s, con una relación emocional fuerte con esos temas, y gente más joven. Era visible la diferencia entre los que ya sabían qué venían a buscar y los que querían comprobarlo por primera vez. Cuero y tartán convivían con looks más provocativos. Lejos de ser una masa violenta, el público de Pil se mostraba atento, contenido.
La puesta en escena acompañaba, en cierto sentido, sin intervenir: luces básicas, nada de decorado. Todo quedaba expuesto. Eso hacía que cada gesto pesara más. PiL no competía con el show moderno, era casi como si dijeran: “si no podés sostener esto sin estímulo, el problema es tuyo”.
Sobre el final se propuso cantarle feliz cumpleaños a uno de los músicos y la sala se plegó sin que la banda lo ordenara. Por momentos bajaba un “olé olé olé, Johnny Rotten es un sentimiento” que se armaba y se desarmaba rápido. El cantante parecía incluso emocionado por ese tipo de contacto. Se sentía muy genuina esa reacción, como si el intercambio irregular le interesara más que cualquier respuesta.
Se movía dentro del show como si fuese una conversación que cambiaba de tema todo el tiempo. Cantaba, hablaba encima, cortaba letras, las deformaba, como si estuviera actuando deterioro. Provocaba y se reía, con una energía que se mantuvo durante toda la hora y media del show. A veces, parecía que estaba por romper personaje… Pero no, era eso.
Cuando terminó, después de agradecer y presentar a su banda, quedó la sensación de que pudo haber más. No hubo un cierre que ordenara lo que pasó. Afuera la noche seguía igual. Adentro, el cuerpo aún tardó en acomodarse a la ira transformada en energía.

Ver a John Lydon hoy no pasa por la comparación con lo que fue, sino por su insistencia en sostener una actitud que no se acomoda al molde y sigue probando hasta dónde llega la incomodidad. Public Image Ltd. es una banda que envejeció sin volverse amable. Y eso es lo más fiel a su identidad: ver a alguien atrapado por decisión propia en su construcción artística y elección estética.
Grabación del show por Loganeef @loganeef7656
IG: @loganeef
