La Ponzoña, más de 20 años en la calle

La Ponzoña, más de 20 años en la calle

Kitsch, camp y un realismo filoso diferencian a este fanzine del resto. Con la técnica primitiva del collage, el humor y la crudeza de su composición visual son inconfundibles.

Por Mailén Álvarez


Conocí La Ponzoña en el año 2009 porque un amigo de esa época era un entusiasta eufórico de lo bizarro y lo marginal. Un loco que tenía afilado el ojo para apreciar y describir lo desterrado y rechazado del “circuito artístico” que, definitivamente, para nosotros era lo único interesante. No le llamábamos arte en ese entonces, hablábamos de fanzines y técnicas variadas para crearlos. Una tarde este amigo, con su característico cabello afro que atraía miradas, bajó del tren Roca en la estación Longchamps con una carpeta cargada de papeles, dibujos y fanzines. Me regaló unos números de La Ponzoña y me contó cómo se construía el monstruo: un hombre sin rostro, metido en un cuarto del barrio porteño de Pompeya, recortaba revistas, folletos y catálogos durante horas y horas, de manera minuciosa, como un cirujano con bisturí.

Sin expectativas. El desencanto, la incertidumbre y la soledad fueron disparadores para la creación de La Ponzoña. En el año 2004 el número 1 circulaba de mano en mano . El autor, siempre a las sombras, totalmente desinteresado en que resuene su nombre, nunca planeaba el siguiente número. Aun así, el fanzine se superaba a sí mismo en cada edición, más punzante y ácido sin texto que explicara nada. Las imágenes recortadas esparcidas por el búnker donde se creaba cada página, por sí solas, no eran nada más que eso: recortes. Y es allí donde radica la peculiaridad de la publicación. El autor logra ese estilo crudo y desagradable que no busca reflexiones sobre el mensaje que pueda percibirse. No hay grises: lo que ves es. En los inicios solía haber una vuelta de tuerca a las publicidades. Algunas de ellas fueron de colchones, de Paco Rabanne,  Falabella y Bayer. Son de los momentos sarcásticos más recordados por los seguidores del fanzine.

Asiduo de contenidos tenebrosos, Pablo, conocido como Gato o Don Ponzoña, comenzó a adquirir las Libre, también unas revistas danesas pornográficas que circulaban en los 80 y libros de anatomía y patologías… Todo muy normal. 

En la casa familiar había muchas imágenes sacras, estampitas, santos y cruces. Ese fanatismo religioso tuvo una influencia notable en él y también el miedo a San La Muerte, el patrono plebeyo de los excluidos. Su obra está plagada de imágenes mortuorias. Hay una atractiva combinación de la vida y la muerte en La Ponzoña, la burla a lo que creemos felicidad, familia, rutina y la siempre temida muerte que vuelve ridículo todo el esfuerzo de ser feliz .

En cuanto a artistas que han marcado el camino del autor, están Robert Crumb, Joe Coleman, Otto Dix,Diane Arbus y los clásicos artistas renacentistas. También cosas bizarras como las placas de Crónica TV y películas desde Holocausto caníbal hasta Aníbal y Mingo contra los fantasmas.

En cuanto a la técnica que Gato empleaba, hubo un cambio notorio de lo analógico a lo digital, pero no porque modificara la esencia del fanzine, sino porque el banco de imágenes en discos duros es infinitamente más amplio y diverso.

En el año 2016, el fanzine fue enteramente creado de manera digital, aunque suele haber rarezas que no hay en la web y son escaneadas del vasto archivo que hay en ese cuartito de Pompeya donde nace y muere cada número.

La edición número 13 tuvo una tapa de gramaje más alto y para los siguientes números la tapa era serigrafiada en 3 colores. En el centro de la publicación, a modo de póster, se encontraba la obra central de cada edición . Antes de esto, eran simples fotocopias, como comienza toda publicación independiente.

El fanzine fue generando un genuino interés entre la gente. Sumó colaboraciones, puntos de venta donde incluso había que reponer por la demanda. Fue distribuido en varias partes del país, también en Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Uruguay.

Luego de 10 años en las calles, ferias del libro punk y recitales, se presenta la compilación en formato libro  a todo color. “Tarde para todo” encierra desde el año 2004 hasta el 2014 el trabajo enfermizo de encerrarse a recortar, de horas y horas de soledad. El ideólogo del libro, Juan Hyde (músico  y amigo), dice en el prólogo: “La Ponzoña muestra lo que nadie quiere ver ni escuchar: los deshechos del sistema necesarios para su funcionamiento, pero de los que nadie se hace cargo. La Ponzoña hace de la calle su hogar, de los linyeras su familia y del crimen y la violencia una elección de vida .”  Editado por Tren en Movimiento y Alcohol y fotocopias en conjunto aún se puede conseguir. Son casi 100 páginas para desmembrar lentamente con la mirada.

 La mística que envuelve este fanzine no es solo su impronta grotesca, sino la cantidad de años que ronda en la ciudad de Buenos Aires, especialmente entre ferias, recitales y muestras, donde no pasó desapercibido; ha habido detractores tanto como locos que quedaron fascinados.

En una aproximación al autor que pocas veces se deja encontrar, pude concluir que  el erotismo, la tragedia y el humor ácido son el único lenguaje que quiere usar para decir quién es. Estudió un tiempo pintura, realizó cortometrajes, realizó tapas de discos y hasta ahora le piden trabajos que rara vez acepta. Es tan porteño y ermitaño a la vez. Puede mostrarte fotos de bares que ya no existen donde pasaba las noches, hablar de Troilo, Fiorentino y “toda mi vida”.  Es un antihéroe que rechaza tanto los halagos como las entrevistas. Un tipo que entre recitales punks, discos de tango y películas perturbadoras engendró un estilo callejero y contradictoriamente intimista que también es su forma de vivir.

Cuando uno, como consumidor, puede apreciar una creación y no está el autor intentando explicarte, venderte o agradarte, se siente todo más original. Creo que esto gusta a la gente.  Un artista que no se promociona a sí mismo con selfies ni menciona con qué otros grandes ha colaborado ni qué artistas mainstream le compraron obras.

Desde hace 20 años La Ponzoña se sigue editando con el mismo  motor que el número uno, con cero expectativas. 


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